Diario de un técnico de deseos
IA generativa para cumplir lo (casi) imposible. O de cómo me subí a un escenario a cumplir los deseos del público con un portátil, una cat printer y una mesa llena de cachivaches.
Por Juan Alonso
Belén Chanes estrenó el 21 de junio en El Umbral de Primavera el evento escénico participativo Belén y la lámpara maravillosa, una pieza en la que elige deseos del público y trata de cumplirlos. Sin magia y sin dinero, solo con voluntad. Yo estaba a un lado del escenario, detrás de una mesa, en calidad de «técnico de deseos».
Este es el relato del primer evento y de lo aprendido poniendo la IA generativa al servicio de los deseos.
El punto de partida
Conozco a Belén desde hace años. Sabe que nos dedicamos a hacer cosas raras con la tecnología, así que cuando necesitó soporte tecnológico para esta pieza, acudió a nosotros.
La mecánica es sencilla. El público escribe tres deseos en una hoja, cada uno con un criterio de complejidad: fáciles, complejos o utópicos. Los fáciles y algunos complejos los cumplían Belén y Olga Goded (actriz y encargada de la asistencia en escena) en directo: un rascado de espalda, un masaje, encontrar turrón de yema sin tostar o ser jurado en una cata de cabrales. Los utópicos llegaban a la mesa.
En escena
La mesa
Belén ocupaba el centro del escenario. En la cabina, Paul Stein a cargo del audio y del vídeo y Carlos Tuñón, asesor del proyecto. Olga y yo estábamos detrás de una mesa. Ella atendía y daba réplicas y yo hacía de técnico de deseos.
Sobre la mesa teníamos, a la vista de todos, un portátil, una cat printer, una impresora 3D, el móvil y un montón de cacharros: lana, cartulinas, un otamatone, plastilina… No se quería ocultar la tecnología, sino conseguir que lo computacional y lo artesanal convivieran encima de la misma mesa, sin esconder de dónde salían las cosas.
Además llevé un par de webs preparadas de casa: una máquina de la verdad y un enigmático oráculo. Peeeero… ningún deseo de esa noche encajó con ellas. Uno puede preparar herramientas, pero no puede predecir los deseos.
Tres deseos
Lo interesante vino en la segunda parte, cuando se eligieron los deseos utópicos y empecé a producir. Para alguno tuve que hablar antes con el deseante, sacarle una foto o pedirle que contara algo de su vida.
Lo que aprendimos
La idea que nos llevamos es que la IA generativa funciona muy bien como herramienta para poner corazón en un deseo, rápidamente. No como el centro del espectáculo, sino como un cacharro más en la mesa al lado de la plastilina y el papel.
«Poner corazón en un deseo, rápidamente.»
Elegía la herramienta pensando en el deseo y no por capricho. La imagen, el montaje o la búsqueda salían de lo que había pedido cada persona. Había una indicación de Belén que condicionó el desarrollo de todo: los deseos no se deberían cumplir con un chiste, hay que poner corazón y alegría. Por eso buscamos una mezcla de humor, imaginación y empatía.
Curiosamente, el público apenas se fijaba en la tecnología. Mientras preparábamos los deseos, en el escenario estaban pasando muchas cosas a la vez: alguien recibiendo un masaje, gente buscando ilustradores, cómo participar en una cata de cabrales, y la atención se enfocaba en ellos. Que no se notara el «truco» no es un fracaso, encaja con la premisa de la obra, donde lo que importa son los deseos del público y no el tinglado que hay detrás.
Esta fue la primera vez. Habrá más, y seguiremos afinando qué se puede cumplir en directo y qué merece la pena tardar un poco más. Si te dedicas a esto y se te ocurre algo, hablamos.